CIDDT

El triunfo del NO y la contraofensiva de las élites

Lo ocurrido con la consulta popular y referéndum el 16 de noviembre de 2025 no fue un episodio aislado, sino un momento clave en una historia más larga. El resultado marcó un límite político importante: una mayoría clara dijo NO a las cuatro preguntas planteadas por el gobierno de Daniel Noboa, incluyendo la eliminación de la prohibición de bases militares extranjeras y la convocatoria a una Asamblea Constituyente para sustituir la Constitución de 2008. Ese NO no fue únicamente un rechazo a un paquete de reformas. Fue una desautorización social a la pretensión de reordenar el campo político e institucional desde arriba, en un proceso acelerado, con escaso debate público y con un diseño de preguntas que concentraba la capacidad de rediseñar el Estado en el Ejecutivo y sus aliados. Sin embargo, lejos de producir una pausa y una revisión de la hoja de ruta, el revés en las urnas dio paso a una rápida contraofensiva normativa. El mensaje de las élites políticas y económicas parece ser nítido: si el electorado bloquea el camino constituyente explícito, se recurre a una serie de reformas legales encadenadas para alcanzar, por tramos, un resultado similar. Lo que no consiguieron de una sola vez, intentan obtenerlo por partes, a través de reformas sucesivas que van modificando las reglas del juego. En teoría constitucional distinguimos entre poder constituyente –originario, popular– y poderes constituidos, sometidos a límites. En la práctica ecuatoriana reciente, asistimos a algo distinto: un intento de “poder constituyente de las élites” que opera por acumulación de reformas, consultas parciales, estados de excepción y leyes tramitadas con procedimientos abreviados. La consulta del 16 de noviembre buscaba abrir una vía directa para reescribir la Constitución y alterar elementos sensibles del diseño institucional: soberanía territorial, financiamiento público de los partidos, representación parlamentaria. El NO interrumpió ese movimiento. Pero el proyecto político que estaba detrás no se ha retirado: se ha desplazado a otros terrenos, especialmente a la legislación ordinaria, a las reformas laborales, a la regulación del empleo público y de la libertad sindical. Lo que no logra consolidarse en clave constituyente abierta se intenta reinstalar como “técnica de gestión”, “optimización del talento humano” o “fortalecimiento del trabajo”. En este contexto, las afectaciones a las y los trabajadores no se agotan en lo que estaba implícito en las preguntas de la consulta. Están en el corazón de las reformas concretas que se tramitaban antes del referéndum y que se aceleran inmediatamente después de su derrota. Un ejemplo elocuente es la nueva reforma laboral que la Asamblea debate bajo el nombre de “Fortalecimiento del Trabajo en el Sector Público y Privado”. Este proyecto reincorpora, casi sin variaciones, alrededor de treinta artículos de la Ley Orgánica de Integridad Pública (LOIP), declarada inconstitucional por la Corte Constitucional, y retoma esquemas de evaluación, supresión de puestos, desvinculación y jubilación anticipada en el sector público; además de introducir ajustes a disposiciones sobre libertad sindical en el Código del Trabajo. No es un relleno técnico tras la caída de la LOIP, sino la insistencia en un modelo de administración pública y de relaciones de trabajo que desplaza el eje desde los derechos hacia la disciplina, la evaluación permanente y la fragilización de la estabilidad. Este movimiento se suma a otros intentos de reformar la legislación laboral para “regular la transparencia y alternabilidad” en organizaciones sindicales. Detrás de ese lenguaje aparece un objetivo reconocible: intervenir en la vida interna de las organizaciones de las y los trabajadores, limitar su autonomía, condicionar su registro y funcionamiento. La ley se convierte así en uno de los principales instrumentos de una contrarreforma permanente: un laboratorio en el que se prueba, se retira y se vuelve a introducir la misma matriz de control y precarización, hasta que encuentre el momento político propicio para quedarse. Pero aquí conviene hacer memoria larga. No estamos frente a la primera ofensiva contra el trabajo y la organización sindical en Ecuador. Llevamos más de cuarenta años de reformas laborales regresivas: flexibilización, contratos temporales y “emergentes”, privatizaciones, recortes a la seguridad social, intentos de criminalizar la protesta, normas que buscaron transformar la estabilidad en excepción. Las élites han cambiado de nombres, de partidos y de discursos, pero el sentido de las reformas ha sido notablemente constante. Y, sin embargo, pese a todo eso, el movimiento sindical organizado sigue aquí. No como una reliquia, sino como un actor que ha resistido dictaduras, paquetazos, ajustes estructurales, “modernizaciones” y ahora este nuevo ciclo de contrarreformas. Cada convenio colectivo firmado, cada sindicato que se mantiene, cada organización que logra sobrevivir a la sucesión de reformas es la prueba de que esa contraofensiva no ha sido ni total ni irreversible. En ese plano también hay un poder constituyente continuo, ejercido desde abajo: la capacidad de las y los trabajadores de sostener derechos, reconstruir organización y reponer, una y otra vez, la idea de que el trabajo no es mercancía y de que la Constitución de 2008 debe leerse como un pacto garantista, no como un obstáculo a la “eficiencia”. Vista en conjunto, la secuencia actual es clara: por un lado, un intento de reestructurar el marco constitucional a través de una consulta apresurada, con una propuesta de Constituyente que habría permitido reabrir, entre otras cosas, el capítulo de derechos laborales, de seguridad social y de organización colectiva; por otro, una batería de normas ordinarias que, aun sin cambiar el texto constitucional, modifican las condiciones materiales de ejercicio de esos derechos. Para las y los trabajadores, esto se traduce en mayor inestabilidad en el empleo público, mayor capacidad de control estatal y empresarial sobre la organización sindical y un clima de precarización política en el que se pretende naturalizar que ninguna conquista es definitiva. El poder constituyente de las élites no necesita necesariamente una Asamblea Constituyente: puede operar, como ahora, mediante un proceso de desgaste, fragmentado y técnicamente presentado, que va reconfigurando el campo de posibilidades para las y los trabajadores mientras la letra constitucional permanece, en apariencia, intacta. Del otro lado, persiste un poder constituyente continuo desde

5 años construyendo justicia: reflexiones del equipo CIDDT

Cumplir cinco años nos emociona y nos mueve.No solo por lo que hemos logrado, sino por todo lo que aún queda por hacer.Esta nota no es un recuento de logros: es una mirada íntima a lo que ha significado construir el CIDDT desde dentro, con todo lo que implica sostener una organización que lucha por los derechos laborales y sindicales en Ecuador. En este aniversario, cada integrante del CIDDT escribió, desde su experiencia personal, lo que ha significado recorrer este camino: AngieCoordinadora Ejecutiva de la Unidad Jurídica y del Centro de Investigación y Defensa del Derecho al Trabajo (CIDDT) “Una de las metas más significativas que hemos alcanzado es consolidar al CIDDT como el primer espacio jurídico con enfoque crítico dedicado exclusivamente a la defensa de los derechos de las y los trabajadores, y de sus organizaciones. Antes de su creación, no existía ninguna instancia con esta misión en Ecuador, lo que acentúa su valor estratégico y la urgencia de su existencia.Entre los aprendizajes clave de estos primeros cinco años destacan el fortalecimiento de las cuatro áreas de incidencia del CIDDT, la optimización de los procesos, la construcción de una ética colectiva alineada con nuestros principios y la integración de tecnología para potenciar nuestro impacto.” MabeCoordinadora de Formación y Comunicación “Elegir el Derecho como carrera fue, para mí, una forma de buscar respuestas. Pero elegir el Derecho Laboral fue una forma de tomar partido. En medio de tantas áreas jurídicas posibles, fue esta la que me hizo sentido. Porque en mi casa, como en tantas otras, el trabajo nunca fue una garantía, sino una lucha diaria por sostener lo mínimo. Crecí viendo a mi familia navegar la informalidad y vivir al margen de derechos que nunca llegaron.Por eso, cuando encontré el Derecho Laboral, entendí que no era solo una rama más. Era una herramienta. Una forma de devolver algo. De transformar la rabia en acción. Y encontré en el CIDDT el espacio para hacerlo, con compañeras que me acogieron y me devolvieron la esperanza en lo colectivo.Durante estos cinco años, he aprendido que no basta con saber Derecho: hay que decidir para quién lo pones a trabajar. En un país donde lo legal muchas veces se usa para justificar la injusticia, el desafío ha sido también resistir frente a esas decisiones políticas y construir desde otro lugar.Lo que hacemos no es fácil ni inmediato. No siempre hay resultados visibles y, muchas veces, el desgaste es profundo. Pero hay algo que permanece: la convicción de que este trabajo importa. Porque defender los derechos de las personas trabajadoras es también defender otro horizonte de país, uno en el que la dignidad esté por encima del poder económico.A cinco años del CIDDT, celebro todo lo que hemos construido. Pero, sobre todo, celebro la certeza de que este camino no lo andamos solas.” SilvyCoordinadora de Investigación y encargada del Área de Incidencia Política y Relaciones Sindicales “Cinco años con el CIDDT.Cinco años de aprender, de luchar, de equivocarme también.Cinco años de defender derechos en un país donde los derechos laborales se pisan a diario sin vergüenza.Donde ser abogada laboralista no es solo un trabajo, sino una forma de resistir.No ha sido fácil. No lo es nunca.A veces la injusticia se acumula como peso en el cuerpo, y una se pregunta si alcanza con lo que hace, si alcanza con lo que somos.Pero siempre hay algo que sostiene.Y eso, primero, han sido mis compañeras abogadas: amigas y compañeras de camino, con quienes comparto el chisme, la rabia, las ideas, las dudas, y también la certeza de que vale la pena dejarlo todo por un mundo distinto para las y los trabajadores.También han sido los sindicatos y sus dirigentes: compañeros y compañeras que no solo me han enseñado de lucha, sino también de humanidad, de persistencia, de dignidad.Trabajar con ellxs y por ellxs ha sido, y sigue siendo, un privilegio enorme.Hay una confianza mutua que no se compra ni se impone: se construye en las madrugadas, en las audiencias, en las reuniones eternas, en los fracasos compartidos y en las victorias que a veces parecen pequeñas, pero que en realidad mueven el mundo.El reto sigue ahí: seguir peleando.Y no solo para apagar incendios, sino para que un día no haya más incendios que apagar.Que el Derecho no sea una trampa, que la justicia no sea un privilegio, que la organización colectiva sea protegida y no perseguida.Mi esperanza, y mi meta, es contribuir, aunque sea un poco, a una transformación real y estructural.Una que venga desde abajo, con manos obreras, con palabras claras y con convicción firme.Gracias al CIDDT por ser casa, escuela y trinchera.” Hemos aprendido que construir justicia laboral es también construir comunidad. Y que resistir juntas no solo es posible, sino necesario. ¡Que vengan muchos años más de lucha, aprendizaje y transformación colectiva!